Como en tus manos torcidas rasguñando azúcar por los poros de nuestra madera, dejando sentir como palabras asqueadas del viento y surtidas por el suelo, cuidado es cuidado; mejor que tus papilas gustativas dejen de sonreir al tiranosaurio resentido, o mas bien mi sal dejará tus huesos podridos.
Mirando la boca del mar se esconden mis ojos un pocos mas atentos que ayer por los odios desolados, preparando la lengua para el sorbido del año, preparando un silvido para dárselos al anciano y recuperando ensalada para dejar de sacar pelusas erradas, soleadas como uñas en el agua, mirando la estufa en la sala y naranjas de otoño que aseguren una tarde renovada.
Después nos volvimos como madrugada dejando las manos arrugadas, tirando soplos de arena para su cabeza aterrada y más tierra en las rodillas y huesos en su retina.
No dejaré de lamentar cómo en siglos no suspira nadie, no dejaré de permitir transeúntes en mi calle, dejaré ciego al que no ve para que escuche que la sal sabe bien. Podré quizas terminar con palabras de árboles talladas en la arena húmeda de lluvia, dejo reposar las palmas para aplaudir la brisa, sus pies no aguantan el suelo bipolar y el cielo cuando deja de alumbrar.