viernes, 5 de febrero de 2010

Se llama c ontrast e






















Mientras más innombrable seas, mejor para ti.
Mientras más acuestes los brazos, mejor para mí.
Entonces vengámonos con siestas de mañanas para no almorzar.
Entonces sacudamos los muebles para abandonar los sismos de grado nueve.
Si miro los ojos más negros, ¿qué me darán a cambio? ¿acaso alguien me regalará un nuevo trébol?, o ¿me responderán cuántas veces me he puesto amarilla? o ¿me regañarán por escribir tanto? Haciendo un recuento esas son cosas que necesito y que cualquier ser humano en este mundo planeta Tierra necesita, son las necesidades básicas de cada uno de nosotros. Por eso existen tantos tréboles, pero nadie los regala, por eso el mundo esta tan decaído, decaído como todas las flores que no se riegan, las flores que no tienen brazos no pueden regarse y ellas decaen.

¡Y ya! Termino en este mismo instante, han pasado catorce segundos desde que empecé con la palabra Mientras, han pasado incluso varios peces por el reloj del rincón. El té aun me espera tibio, el cigarro parece que ni avanzó, y la temperatura bajó como bajan los delfines que se alzan sobre el agua, ese sí que fue veloz.

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